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martes, 25 de enero de 2011

Educación, a la deriva

El sector educativo de Veracruz parece fuera de control. En la efervescencia de los últimos dos meses, lo mismo intervienen funcionarios que líderes sindicales, políticos que descansaban en la banca y mecenas a contratiempo.

Todos se suben a la tribuna para mostrar sus malquerencias, estropear la investidura de contrarios, exigir que las autoridades nombren jefes a modo, demandar el pago de deudas añejas, poner en entredicho la calidad de instituciones educativas, rearmar equipos políticos, salir del obligado ostracismo para decir su palabra, ventilar en los medios asuntos que podrían dirimirse en privado si tuvieran una cabeza que pudiera sentarlos y remediar sinsabores.

Ante la falta de liderazgo político que ha mostrado el secretario de Educación, Adolfo Mota Hernández, los funcionarios educativos y los dirigentes sindicales han optado por llevar sus riñas al escenario mediático, donde se están dando con todo, en detrimento de sus propias figuras, instituciones y organizaciones.

Lo grave es que la educación parece poco importar a los que se han subido al ring de las recriminaciones políticas y no parece que en lo inmediato pueda apaciguarse el borlote. No hay quien lo haga, ciertamente, y sería políticamente negativo para la SEV que el gobernador Javier Duarte de Ochoa tuviera que intervenir para apagar las hogueras.

Luego de la decembrina ofensiva orquestada por el ahora rector de la Universidad Popular Autónoma de Veracruz, Guillermo Zúñiga Martínez, en contra de instituciones educativas, incluida la máxima Casa de Estudios de Veracruz, en su afán de presionar al Congreso para la obtención de un buen presupuesto para su proyecto, las reacciones no han parado de estremecer las bocinas de los medios electrónicos y de gastar tinta en los impresos.

¿Fue una estrategia del más alto nivel o simple calentura de quien se considera padrino político del actual titular de la SEV? Todo parece indicar que esto último lo explica todo.

Lo cierto es que, cada día, los veracruzanos amanecemos con noticia de nuevas escaramuzas. Este martes, por ejemplo, el dirigente de la sección 56 del SNTE, Ernesto Callejas Briones, ordenó a sus huestes tomar las instalaciones de la Dirección General de Bachillerato, porque en lo personal le parece una mala decisión encomendar el rumbo de esa oficina a Daniel Lugo Carrasco, como lo instruyó el secretario Adolfo Mota, con el previsible visto bueno de su superior inmediato.

Por lo visto, ni el titular de la SEV creyó conveniente cabildear una decisión que por supuesto le compete, ni al diputado local con licencia le interesa respetar el papel que le corresponde jugar en el sistema educativo, y es que su movimiento sorpresivo nada tiene que ver con la defensa de los derechos de sus agremiados.

Cuando la rueda gira, no hay manera de evitar su huella. En torno al tema de la UPAV, las cosas se han puesto color de hormiga, un escenario que ni en las previsiones más oscuras hubiera imaginado el gobernador Duarte, porque su intención ha sido contribuir a multiplicar los espacios en educación superior, no generar escenarios de incertidumbre y confrontación.

Y el primero en saltar, y ha mantenido su contraofensiva, es el rector Raúl Arias Lovillo, quien lo menos que ha dicho del nuevo proyecto es que carece de los elementos que le permitan asegurar la calidad educativa. ¿Cómo puede asegurar este elemento una institución que ni a presupuesto llega?, se ha preguntado el coatepecano. Estos diferendos innecesarios están poniendo muy caliente el debate, que es lo menos que debiera haber en el inicio mismo de una gestión administrativa.

¿Cuándo pondrá orden el titular de la SEV? Esperemos que pronto.

miércoles, 19 de enero de 2011

En la SEV no parece que calienten motores

Algo preocupante se observa en la comunicación educativa de Veracruz. Funcionario joven pero con enormes tablas políticas, el secretario Adolfo Mota Hernández ha mostrado ante los medios informativos un perfil más bien bajo. A preguntas simples formuladas por los reporteros, su desconocimiento de las cifras educativas de Veracruz lo ha hecho mostrarse titubeante, cuando no errático.

En su discurso, al menos en los primeros días del actual gobierno, ha dejado en el limbo muchos temas de la agenda estatal para educación, propiciando en la opinión pública la percepción de que lo no enunciado por él forma parte de los asuntos a revisión, lo que suele emparentarse con desaparición o, en el mejor de los casos, con congelamiento.

Aunque llega desde muy temprano a su oficina, una y hasta dos horas antes de que ingrese el grueso del personal de la SEV, bajo el argumento –político, no tanto de eficiencia administrativa– de que a esas mismas horas entran los maestros veracruzanos a sus escuelas, casi cumple dos meses y pocas iniciativas se le han visto.

Fuera de declaraciones relacionadas con la puesta en funcionamiento del programa Escuelas de Tiempo Completo en 100 planteles, la aplicación de medidas contra el consumo en escuelas de alimentos chatarra ricos en calorías y grasas, halagos desmedidos al SNTE y sus dirigentes, entre otros temas, no ha mostrado catadura del líder estratégico que demanda un proyecto de gran alcance como el que ha delineado el gobernador Javier Duarte de Ochoa para educación.

No decimos que no lo sea. Sabemos de su capacidad e inteligencia, de su facilidad para gestionar y convencer. Lo cierto es que en sus primeros 45 días en el puesto ha dejado que muchos temas sean abordados interesadamente por gente que debiera guardar respeto a su jerarquía y se ha pasado más tiempo en la penumbra para trabar asuntos con sus colaboradores.

Ya hemos visto cómo el único funcionario educativo que ha saltado a la palestra ha sido el director del IVE, Guillermo Zúñiga Martínez, dando palos de ciego.

Ahora que se ha conocido que el presupuesto para el proyecto de Universidad Popular Autónoma de Veracruz (UPAV) no llega ni a los 20 millones, el conspicuo político ha lanzado a su estructura política regional (perdón, académica) a proferir demandas insolentes a su propio jefe, como acaba de suceder en Orizaba la semana pasada.

Como lo relata La Jornada Veracruz, en nota publicada el viernes pasado, profesores y funcionarios de la UPAV increparon al secretario Adolfo Mota, pidiéndole revisar el esquema educativo del Instituto Consorcio Clavijero. Desde diciembre, Zúñiga Martínez soltó el borrego de que ese organismo pasaría a formar parte de la UPAV, donde incluso hay un sitio reservado en su portal en internet que no contiene más que el título: Educación en línea.

Mota les aclaró que todos los esquemas educativos, incluyendo la propia UPAV, continuarían

La cuestión es que le han estado marcando la agenda al titular de la SEV, y no precisamente con temas cómodos. Acaba de publicarse una respuesta dura por parte del rector de la Universidad Veracruzana, Raúl Arias Lovillo, contra la campaña zuñiguista, donde el secretario de Educación ha salido a relucir en no muy buenos términos.

Para colmo, la mayoría de los miembros de su equipo son miembros del SNTE y otros sindicatos magisteriales, y quienes están en puestos clave rinden cuentas, más bien, al gobernador o a otros funcionarios, como el secretario de Finanzas y Planeación; todo lo cual lo deja en una circunstancia sospechosamente homeopática.

Debemos suponer que los grandes proyectos, las grandes líneas de trabajo, las propuestas de mejora más allá de un simple tránsito administrativo, estarán contemplados en el capítulo del sector educativo del plan estatal de desarrollo. Sin embargo, algo debería observarse ya en términos del sello político de la naciente administración estatal.

A no ser que la SEV solo le represente un mero trampolín con miras a la candidatura al Senado de la República.

martes, 4 de enero de 2011

Zúñiga Martínez, ¿ave de tempestades?

Hombre de medios y con medios, Guillermo Zúñiga ha aprovechado los foros públicos para abrirle a golpes un espacio a su proyecto de universidad popular, ya respaldada por el gobernador Javier Duarte de Ochoa, llevándose entre las patas a toda institución y personaje que se le ha puesto enfrente.

Acostumbrado a que todos los asuntos en que participa se diriman en los medios de comunicación, incluso aquellos que debieran discutirse y aprobarse en cuerpos académicos colegiados, el director del Instituto Veracruzano de Educación Superior (IVE) ha sido el único funcionario, en apenas un mes del actual gobierno, que ha repartido catorrazos a diestra y siniestra, incluso a funcionarios e instituciones establecidas, como la Universidad Veracruzana y su rector Raúl Arias Lovillo.

A diferencia del comportamiento firme pero respetuoso del gobernador Duarte y los demás funcionarios, a Zúñiga unos lo ven como ave de tempestades y otros como simple chivo en cristalería, tan desproporcionadamente agresiva ha sido su actitud durante el periodo en que el Congreso local tuvo en sus manos la decisión, conjuntamente con las autoridades de la secretaría de Finanzas, de aprobarle su primer presupuesto.

Como todos saben, la creación de la Universidad Popular Autónoma de Veracruz (UPAV) fue anunciada por el gobernador Duarte justo el día de su toma de protesta, lo que significó en diciembre un ajuste en el proyecto financiero de 2011, enviado en su oportunidad por el anterior gobernador, quien no incluyó recursos para la nueva universidad ni para otras dependencias, como las relacionadas con el medio ambiente, creadas por el actual jefe de las instituciones estatales.

La estrategia mediática de Guillermo Zúñiga ha sido tan acre que hasta ha parecido originada por un combativo partido de oposición, y tan envolvente, que por su pasarela han desfilado periodistas, funcionarios, diputados, personajes anónimos y hasta el ex titular de la SEV, don Juan Maldonado Pereda, a quien todos imaginábamos retirado de la política.

Sin embargo, el proyecto con que convenció al gobernador no sólo debe ser una alternativa mediática al problema de miles de jóvenes veracruzanos que no tienen acceso a la UV. También debe ser una posibilidad real de estudios profesionales de calidad, con mecanismos y organismos que aseguren que la educación brindada se apegue a los principios de calidad y pertinencia.

Ya hemos visto cómo ha sido cuestionada la calidad de los estudios y la formalidad de los aspectos administrativos escolares desde que inició su proyecto en el IVEA y lo continuó en el IVE.

Mucho hablar no resuelve el andar. Zúñiga se ha llenado la boca de datos estratosféricos y debería meditar que no todo mundo tiene su imaginación como para creérselos. En diciembre ya hablaba de 42 mil alumnos en 20 carreras, lo que haría imaginar que en cada programa se han inscrito más de 2 mil estudiantes en promedio: una matrícula similar a la de la UV.

¿Dónde los está formando? ¿Quiénes conforman su plantilla de personal docente? ¿Qué formación académica tienen? ¿Cómo le hacen estos profesores para recorrer los 166 municipios en que el IVE cuenta con salones prestados para formar a “miles” de estudiantes en tantas carreras? ¿Cómo le hace el IVE para ofrecer formación de calidad en carreras que requieren muchísimo más que el salón de clases de una primaria, una secundaria o una prepa? ¿Cómo logra que, en sus respectivos casos, los alumnos reciban formación teórico-práctica en carreras como Arquitectura, Veterinaria o Enfermería, siendo tan difícil contar con laboratorios y talleres en lugares tan dispersos?

Estas interrogantes son sólo unas cuantas, y muy generales, a las que no se le ve que el profesor y abogado haya respondido en sus múltiples incursiones mediáticas. Porque no todo se resuelve con proponer el “aprendizaje autónomo” o el “autodidactismo creativo y significativo”, se requieren bases sólidas para que, una vez concluyan sus estudios, los egresados puedan competir con los de otras universidades por un puesto de trabajo en condiciones justas.

Crear más instituciones de educación superior es indispensable para Veracruz. El problema es que no se trata de crear una entelequia, un golpe de efecto, una nube de humo tras de la cual se ponga en riesgo el tiempo y la esperanza de los veracruzanos, sean 10 a 40 mil. Sí a la nueva universidad, si y solo si se vigila para que cumpla con ofrecer una formación de calidad.

Podrán varios que apoyan esta iniciativa debatir con otros personajes sobre la validez de sus fundamentos. Lo grave es que por abrir un espacio a algo nuevo, se ponga en entredicho a instituciones como la Universidad Veracruzana, independientemente de si el actual rector es competente o no.

Ya veremos el proyecto que se presente para la creación de la tan difundida universidad popular.

Fotografías:

1. Guillermo Zúñiga Martínez, director del Instituto Veracruzano de Educación Superior y próximo rector de la UPAV.
2. Raúl Arias Lovillo, rector de la Universidad Veracruzana.