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lunes, 10 de febrero de 2014

Inseguridad: la realidad hace complot

En lo que va de 2014, la percepción de inseguridad en Veracruz ha crecido como la espuma; no hay día en que no se reporten hechos delictivos que creíamos controlados y, lo que es peor, en varios casos los protagonistas han sido las propias fuerzas policiales.

¿Qué está detonando esta grave crisis social y mediática? ¿Grupos confrontados con el Gobierno del Estado, incluidas organizaciones criminales, están buscando poner en predicamento uno de los puntos más divulgados de las estrategias públicas? ¿Ha fallado la política de comunicación social, al distanciar al poder con los medios de comunicación a cambio de ahorrar algunos pesos? ¿La conducción de las acciones preventivas del delito está en manos equivocadas?

Parece sospechoso que, tras la visita del 14 de enero del secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong a la Academia de Policía de El Lencero –en que elogió sin mesura la conformación de una policía profesional y acreditada–, los demonios se hayan soltado por todos los rumbos de la entidad, incluso en el interior de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP), donde parece que se ha perdido el control y urge un inmediato golpe de timón.

Por si fuera poco, no se ha logrado atajar la situación de emergencia mediante la acción concertada de los diferentes grupos políticos, todos los cuales debieran estar comprometidos en superar este momento difícil.

El Pacto por Veracruz sucumbió en el olvido y, contra lo que los veracruzanos deseamos, en lugar de observar intentos gubernamentales por convocar a todos los actores políticos para asumir un compromiso común y de estos por acercarse para colaborar en la búsqueda de soluciones, se ha aprovechado para el golpeteo mediático.

Para recuperar la tranquilidad en la entidad no sirven ni las triunfalistas vanaglorias de los voceros oficiales que señalan que todo está bien, que no hay grupos de autodefensa, que tenemos una entidad segura, ni las delirantes voces que despotrican contra cualquier acción gubernamental, aun cuando éstas se orienten a esclarecer los actos delictivos.

Tanto unos como otros debieran actuar con determinación en bien de Veracruz, aunque ello pase por tomar medidas drásticas en la composición del gabinete, o dejar a un lado temporalmente aspiraciones políticas anticipadas.

Los demonios andan sueltos

La desaparición del periodista Gregorio Jiménez de la Cruz en Coatzacoalcos, que ha significado una enorme presión local, nacional e internacional, no es sino el punto más reciente de una serie de pifias.

El homicidio del cantante Gibrán Martiz y un menor de edad que lo acompañaba, en medio de la participación ilegal de policías estatales; la sucesión de homicidios en Veracruz, Xalapa y Coatzacoalcos, sin que la policía acreditada haya hecho nada por prevenirlos; la represión contra periodistas en Acayucan, el enfrentamiento a tiros entre integrantes de seguridad del gobernador Duarte en Orizaba y los secuestros perpetrados en la Cuenca del Papaloapan y diversos rumbos de la entidad son apenas algunas manifestaciones de la situación crítica por la que cruzamos.  

Mientras se trata por todos los medios de desmentir la existencia de grupos de autodefensa, como el que se ha anunciado en la sierra de Zongolica, cada vez se confirma la idea de que hacen falta operadores políticos preocupados por su tarea.

Podría causar risa si no fuera trágico que, mientras se niega la existencia de estos grupos civiles, el bisoño secretario de Gobierno, Érick Lagos Hernández, haya convocado a las cabezas visibles del grupo de Zongolica a dialogar en sus cómodas oficinas en Palacio de Gobierno, como declaró en Orizaba el presunto vocero Román Vázquez González, en lugar de movilizarse hace ya tiempo junto con el secretario Bermúdez para desactivar las causas que generan la aparición de civiles armados para repeler a los grupos criminales.

El excesivo poder concentrado por Arturo Bermúdez Zurita en la SSP, aprovechando el genuino interés del gobernador Javier Duarte de Ochoa por lograr la tranquilidad de los veracruzanos mediante el fortalecimiento de las fuerzas preventivas, han permitido la transgresión de la ley por parte de estas. En muchas ocasiones, como ocurrió en el caso del joven Gibrán Martiz, los policías preventivos se han sentido con la atribución de ser policías investigadores.


La desaparición de Gregorio Jiménez no es sino un ejemplo más de la incapacidad de la SSP para prevenir el delito, y su demorada búsqueda ha servido para que muchos actores políticos y medios de comunicación locales se dediquen a golpetear al gobierno duartista.

Es por lo menos anecdótico el hecho de que, ante tan grave crisis de credibilidad, Bermúdez se ventanee en los medios realizando labores sociales, ayudando a los que menos tienen, a los discapacitados, como si estuviera claro para él que es mejor preparar el terreno por si le otorgan la graciosa huida hacia una candidatura al Congreso federal.

Lo que no se mide en las estadísticas

Recientemente, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) convocó a científicos sociales para establecer parámetros e indicadores que permitieran evaluar los programas de seguridad y esclarecer qué funciona mejor y por qué funciona. El organismo multilateral partía del supuesto de que enfrentar la violencia no es una cuestión de más fuerza sino de una acción más inteligente.

Desgraciadamente, la SSP actúa como si la sola exhibición de fuerza, tanto en equipo y armamento como en una actitud brutal de sus efectivos, desatendiendo el respeto a los derechos humanos, fuera suficiente para inhibir la comisión de los delitos. Ya vimos que no.

Y el problema no se centra solo en el costo de la violencia desde el punto de vista de la contabilidad de las pérdidas materiales en gastos del sistema de justicia, policía y salud; lo más grave son las pérdidas intangibles, expresadas en el temor, la percepción de inseguridad y el dato psíquico del fenómeno delictivo, según concluyen algunos estudios financiados por el BID.

El resultado de los investigadores apuntaba a la necesidad de un diálogo estratégico entre el sector público y el sector privado y la sociedad civil, sobre los cuales recaen muchos de los costos de la violencia.
           
Colofón

Ante la gravedad de la situación de inseguridad y la creciente percepción sobre la existencia de ese fenómeno en todas las capas de la población, hacen falta concertación, unidad política, participación social y debate abierto. De otra manera, habrá mayor dificultad para solucionar el problema.


viernes, 31 de enero de 2014

Jóvenes e inexpertos nos gobiernan

Érick Lagos Hernández
Mucho daño le está haciendo a los veracruzanos la permanencia en la estructura gubernamental de funcionarios inexpertos e inoperantes, cuya única distinción es no rebasar los 40 años.

Con ellos, el grupo dominante en el PRI ha buscado renovar a la clase política de Veracruz, obligar a pasar la estafeta generacional y lograr un proyecto transexenal iniciado en el gobierno de Fidel Herrera Beltrán. Sin embargo, los elegidos siguen sin cuajar en habilidad política, capacidad de negociación y experiencia administrativa.

Preocupados por el ruido electoral y sus ambiciones de permanencia en el poder, muchos de los jóvenes políticos habilitados prematuramente en cargos de alto voltaje, han descuidado la función pública y, lo peor, han mostrado su escasa preparación académica, su nulo bagaje en materia administrativa y política, y un insaciable deseo de reconocimiento para mayores empresas que no se sustenta en su desempeño real.

Hay que reconocer de entrada que la juventud no está reñida con las oportunidades. También, que era necesaria una renovación de los cuadros para desplazar a quienes ya eran fichas reiteradas en el ajedrez político de Veracruz, dadas sus consabidas mañas, compromisos y cansancio para la innovación.

Sin embargo, se nos han entregado piezas sin terminar, jóvenes que no fatigaron las aulas universitarias más allá de una licenciatura (no sabemos si con buenas calificaciones), audaces en el terreno político pero sin antecedentes en el manejo de la administración pública. Con los años, deberían haber aprendido su trabajo, pero se han perdido en las grillas palaciegas.

Y eso le está haciendo mucho daño en un estado que, potencialmente rico y diverso, ha debido soportar la improvisación, el desdén, el olvido y la manipulación.

¿Cómo lograr el cambio generacional sin afectar?

El exgobernador Rafael Hernández Ochoa supo apreciar la enjundia y fortaleza de los jóvenes políticos y apoyó a mucho para que tuvieran oportunidades políticas y académicas. A nivel nacional, quien lo hizo fue el expresidente Luis Echeverría Álvarez, quien impulsó las carreras políticas y académicas de dos políticos en activo, Fidel Herrera Beltrán y Beatriz Paredes Rangel, que lo embelesaron con su buena oratoria.

Pero lo cierto es que la mejor manera que hallaron para sus benjamines fue otorgarles puestos medianos para que se foguearan y se incorporaran a los grupos políticos existentes o crearan los propios y, sobre todo, les otorgaron becas para que siguieran estudiando posgrados en universidades importantes del país y el extranjero para que, a su retorno, fueran más útiles a sus comunidades.

Desgraciadamente, muchos de los jóvenes incorporados al actual gobierno estatal han tenido meteóricas carreras y, sin foguearse ni aprender a gobernar paulatinamente, de pronto se hallaron con que ya eran secretarios de despacho, como Erick Porres Blesa, de 37 años, secretario de Desarrollo Económico y Portuario; Adolfo Mota Hernández, de 38 años, secretario de Educación; Erick Lagos Hernández, de 39 años, secretario de Gobernación, y Harry Grappa Guzmán, de 41, secretario de Turismo y Cultura.

Otros, más maduros, tampoco tuvieron formación ni acumularon experiencia en la materia que hoy tienen a su cargo, y así nos va a los veracruzanos.

Urgen cambios en el gabinete

Érick Porres Blesa
En la segunda etapa de su gestión, el gobernador Javier Duarte de Ochoa debería analizar la posibilidad de fortalecer los cuadros que tiene en las diferentes dependencias, para lograr un salto cualitativo que le permita ostentar en el ámbito nacional logros en áreas sensibles, además de las que ha logrado en la atracción de inversión extranjera, recuperación de la seguridad pública y lucha contra la pobreza.

El caso más difícil es el de Arturo Bermúdez Zurita, de 47 años, secretario de Seguridad Pública, quien ha creado un verdadero ejército poderoso de policías estatales a los que, en varias ocasiones, no ha logrado contener y han generado despachos informativos y artículos de opinión en medios nacionales e internacionales que ponen en entredicho no solo al gobierno estatal sino a los veracruzanos.

En su currículum, Bermúdez Zurita no ostenta estudios relacionados con seguridad pública más allá de cursos como instructor de manejo evasivo y de tiro, en Estados Unidos, y un taller de negociación de secuestros y manejo de crisis. En experiencia dentro del área, apenas  dos años como coordinador del Centro Estatal de Control, Comando, Comunicaciones y Cómputo (C4) y menos de un año como subsecretario de Seguridad Pública de Veracruz.

Es cierto que Erick Porres Blesa, expanista y afiliado a escuelas confesionales, le ha servido en una dependencia que no ha tenido mucha importancia pese a lo necesario en términos del desarrollo de la entidad. Los conflictos con los grupos empresariales de la entidad por la falta de promoción se han dado principalmente en el sector turístico, que corresponde lidiar a Harry Grappa Guzmán, un funcionario improvisado cuya única experiencia en el sector turístico, luego de ser secretario particular del Gobernador, fue la de subsecretario de Promoción y Servicios Turísticos de la Secturc durante poco más de un año.

En el caso de la SEV la cosa es dramática. Ya comentamos la ineficiencia del secretario Adolfo Mota, quien tendría un verdadero premio si sale con honores rumbo a la contienda por la diputación federal de Coatepec en 2015.
Harry Grappa


A su inoperancia en una de las secretarías que históricamente han otorgado blasones a Veracruz, se suma su fallida intentona de derrocar al actual diputado y líder cameral Juan Nicolás Callejas y Arroyo, líder ‘moral’ del magisterio federal, y a su hijo Juan Nicolás Callejas Roldán, secretario general de la sección 32 del SNTE, utilizando a cierto sector incrustado en el movimiento magisterial contra la reforma educativa. Todos dicen que estuvo a punto de lograrlo, pero no obtuvo el triunfo, por lo que está en el ojo del viejo lobo convertido en pastor de la bancada priista en el Congreso local.

jueves, 9 de agosto de 2012

Tránsito del Estado o los enredos de Bermúdez



Si un tema no encaja en la nueva estructura de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) estatal, a cargo de Arturo Bermúdez Zurita, ese es el de la vialidad, y es que el área de Tránsito estatal nada más no encuentra el rumbo.

A unos meses de que fuera decretada su separación de la Secretaría de Gobierno (donde compartía tareas con las de transporte público), Tránsito estatal se ha quedado con tan pocos elementos que se antoja difícil abatir el número de accidentes automovilísticos en las ciudades.

Por añadidura, la rotación temporal de personal a grandes ciudades, ni resuelve los de éstas y, en cambio, deja en indefensión las ciudades de donde son trasladados, donde el número de elementos parece de risa, como en Martínez de la Torre.

Uno de los argumentos señalados para pasar Tránsito a la SSP fue el de lograr, como en la Policía Federal, que la gendarmería local realice tareas preventivas contra la delincuencia al tiempo que organiza el tránsito vehicular en ciudades y caminos estatales. Hasta el momento, ni la policía ayuda en la vialidad ni los agentes de Tránsito se han convertido en policías.

Y es que este salto cualitativo se está topando con una realidad que nadie puede esconder: si en las corporaciones policíacas debieron hacer una depuración del personal que, por sus características físicas, de edad y de salud, no podían ejercer de jenízaros, en el caso de los agentes de Tránsito va a estar más peliagudo.

Las cifras que no cuadran

A no ser que la Academia de Policía esté formando a los nuevos agentes de Tránsito con conocimiento de las funciones policíacas, va a estar difícil que lleven a ese centro de capacitación a agentes que, en su mayoría, rebasan los 45 años de edad, están excedidos de peso, padecen enfermedades y nunca han hecho ejercicio.

Téngalo por seguro que, al segundo día de capacitación en El Lencero (donde se ubica la escuelita de Bermúdez), muchos habrán sido llevados de urgencia al hospital, con cuadros de insuficiencia respiratoria.

Y es que en una población como la del estado de Veracruz, en que más del 65 por ciento radica en zonas urbanas, lo que significa que casi cinco millones de habitantes tiene como residencia ciudades medias y grandes, Tránsito y Transporte Público disponía (antes de su separación) de mil 600 elementos. Con la separación administrativa, Tránsito apenas se quedó con 800 elementos.

Si realizamos algunas rápidas operaciones matemáticas podríamos calcular que cada agente tiene bajo su responsabilidad que más de 6 mil habitantes vivan un panorama más o menos controlado cuando conduce, se moviliza en transporte público o anda como peatón.

El problema se agrava cuando consideramos que cada agente cumple un turno y no las 24 horas, de manera que si dividimos a los 800 elementos en dos turnos (dejando la noche al arbitrio de la casualidad), entonces solo 400 estarán disponibles, si es que no son enviados a capacitación o causan baja temporal por cuestiones de salud.

Y mire que por las avenidas, calles y caminos estatales se moviliza no solo el ciudadano común sino también los hampones, por lo que el concurso de los agentes viales es de todo perentoria, siempre que haya un número suficiente para atender el tema.

¿Qué hay de Tránsito en Martínez?

La situación en Martínez de la Torre es realmente precaria. ¡Qué digo precaria, escandalosamente preocupante!

Cuando actuaban bajo un solo mando y se encargaban de vialidad y transporte público, en la ciudad laboraban 22 elementos que ya eran insuficientes. Con la división, la delegación local de tránsito apenas cuenta con 11.

Bueno, al menos en teoría, porque constantemente son llamados por la dirección general unos seis elementos para tratar de controlar el tránsito en la capital (donde solo tienen 36 elementos de base) y para reforzar el servicio en ciudades en que se celebran fiestas populares, como ha ocurrido con el Carnaval de Veracruz y las recientes fiestas en Xico.

Si ha hecho sus cuentas, resulta que la capital de los cítricos solo dispone de ¡cinco elementos! para atender las cuestiones de vialidad, controlar el tráfico, atender accidentes, levantar multas.

¿Cómo se movilizan? Gracias a un escuálido parque vehicular: en efecto, sin apoyo estatal ni municipal, cuentan con tres patrullas (dos compactos y una camioneta, generalmente en talleres), además de dos motocicletas, que se van turnando porque cuando una está en servicio, la otra está en reparación.

Casi el 80 por ciento de los elementos locales tiene más de 45 años, y varios rebasan el medio siglo. Algunos padecen diabetes o problemas auditivos y escasos reflejos.

¿Usted cree que ellos, al igual que la mayoría de los agentes viales de la entidad, cuyas edades y estado de salud les hacen más candidatos a una jubilación anticipada que a un nuevo perfil laboral, podrán resistir una capacitación de cuatro meses en la Academia de Policía, donde deben adquirir una gran condición física, habilidad y destreza en el manejo de armas de fuego, posibilidad de enfrentar a criminales cuerpo a cuerpo, participar en persecuciones a pie?

Algo deberá decir Bermúdez para explicar cómo piensa resolver el problema vial en la entidad, porque no se trata solo de agregar más responsabilidades sino saberlas manejar, sobre todo en un tema que se antoja sensible para la población urbana. ¿O le quedó grande Tránsito?

martes, 29 de noviembre de 2011

Un debilitado secretario de Gobierno

Gerardo Buganza Salmerón, secretario de Gobierno.

Gerardo Buganza Salmerón, un trasterrado del PAN, partido que lo postuló candidato a la gubernatura de Veracruz hace siete años, fue importante en el triunfo del gobernador Javier Duarte de Ochoa, no porque hubiera permitido la derivación de muchos votos de sus hipotéticos seguidores hacia la fórmula priista en julio de 2010 sino porque sirvió de señuelo para una campaña negra en contra de Miguel Ángel Yunes Linares, candidato panista y acérrimo enemigo del exgobernador Fidel Herrera, al evidenciar la forma antidemocrática con que el hombre de Soledad de Doblado y antaño líder priista se había hecho con la postulación panista.

Junto con la ayuda de quien fuera dirigente nacional blanquiazul en la transición de los presidentes Vicente Fox Quezada y Felipe Calderón Hinojosa,  Manuel Espino Barrientos, cuyo libro contra el abandono de su partido de sus postulados fundacionales fue repartido masivamente con costo al erario veracruzano, Buganza Salmerón apoyó a su joven paisano y seguramente hizo un extraordinario trabajo de zapa entre su anteriores camaradas para castigar el dedazo calderonista en la persona de quien fuera su director del ISSSTE.

Por ello, aunque muchos priistas pusieron cara de alarma y quisieron insurreccionarse, la inclusión de su nombre en la lista del gabinete duartista, justo en la dependencia que siempre había ejercido el control político en el estado, la secretaría de Gobierno, llamó poderosamente la atención.

Pero, ¡oh, sorpresa!, unas semanas antes de dejar el cargo, una reforma a la estructura político-administrativa del gobierno estatal promovida por Fidel Herrera le había quitado no sólo el adjetivo de “general” y ahora ya ostentaba la simple denominación de secretaría de gobierno, sino que le había despojado de toda influencia en el tema político, para otorgárselo a quien todavía lo detenta: Érick Lagos Hernández, pieza de la fidelidad enquistada como lastre en el actual gobierno.

Sin los 40 años cumplidos, este personaje formado, armado y horneado por Fidel Herrera Beltrán le habría quitado el peso a una secretaría de gobierno light que, entre otras cosas, solo podría manejar asuntos relacionados con transporte y vialidad, además de algunas tareas de representación gubernamental.

Así fue como llegó Buganza el cordobés al sitio que antes se consideraba el número dos en la estructura del poder gubernamental. Para colmo, Héctor Yunes Landa, dirigente estatal del PRI, le pasó la factura por ocupar un cargo que siempre han ocupado priistas, al obligarlo a depositar su óbolo para apoyar las maltrechas finanzas con que cuenta para operar su precandidatura al Senado, perdón, para dirigir al partido.

…y parió la abuela

El acotado poder del secretario está por sufrir un nuevo y definitivo debilitamiento con la iniciativa del gobernador Javier Duarte de Ochoa para que las funciones de vigilancia que Tránsito del Estado ejerce, bajo la estructura de la Secretaría de Gobierno, sean transferidas a la Secretaría de Seguridad Pública.

Escindidas las funciones de tránsito y transporte, a la dependencia a cargo de quien luce las mejores corbatas del gabinete, don Gerardo Buganza, solo le corresponderá las que tienen que ver con transporte, de manera que en su estructura se crearía –en el seguro caso de que se apruebe una iniciativa que el jueves pasado fue remitida a comisiones– la Dirección General de Transporte, para hacerse cargo del control, dirección y vigilancia del transporte público y su reglamentación. Ya hemos visto, por cierto, que en ese tema Buganza ha tenido varios descalabros, el más reciente la abolición de sus programas Un día sin taxi y Un día sin autobús.

En contrapartida, las funciones relacionadas con tránsito se transferirán a una dirección general de nueva creación en la dependencia a cargo de Arturo Bermúdez Zurita, secretario de Seguridad Pública.

Amén de múltiples ajustes y reformas para llevar a buen fin los objetivos de la iniciativa del ejecutivo estatal, lo cierto es que hay puntos que los veracruzanos empezaremos a resentir no bien la SSP se haga cargo de las labores de vigilancia en áreas públicas y privadas de circulación, que le permitirán intervenir vehículos so pretexto de faltas de tránsito aunque su mira sea revisar otro tipo de comportamientos aparentemente fuera de la ley. Pero no nos espantemos, eso ocurre hace décadas en el DF y, en el ámbito federal, desde que la policía de caminos se subsumió en la Policía Federal.