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jueves, 13 de marzo de 2014

Ayuntamientos, empobrecidos y abandonados

De la tendencia a que los ayuntamientos se fortalecieran política, económica y fiscalmente, poco está quedando.

Al creciente endeudamiento disparado por la ambición crediticia de Fidel Herrera Beltrán, quien obligó a buena parte de los cabildos a colocar sus ingresos en documentos bursátiles, se agrega que los ayuntamientos deben administrar pobreza y lidiar con leyes federales que los tratan como menores de edad.

Aunque siguen teniendo la atribución de recaudar recursos propios por impuestos, derechos, productos y aprovechamientos, por desgracia muchos montos provenientes de participaciones federales se quedarán en el camino para el pago de obligaciones crediticias y, para colmo, el gobierno federal está buscando determinar cuánto y en qué se gasta lo que destine a este nivel de gobierno.

La tendencia que buscaba consolidar a los ayuntamientos para que realizaran cada vez obras de mayor magnitud, con base en las necesidades de sus pobladores, puede ser parada de tajo por el propio gobierno federal que, en el discurso, sigue hablando de la autonomía de los 2 mil 240 ayuntamientos del país pero que en la realidad la está socavando.

Recientemente fueron objeto de análisis y crítica las reformas a la Ley de Coordinación Fiscal, aprobadas por el Congreso de la Unión en el marco de la reforma hacendaria, pues abrieron la posibilidad de que los ayuntamientos, con acuerdo de cabildo, trasladen las funciones de recaudación del impuesto predial a las autoridades estatales, lo que en algunos casos puede ser favorable, siempre y cuando los resultados de la actividad recaudatoria regresen en beneficio de los municipios.

Pero las letras chiquitas de las reformas ya empiezan a causar estragos, sobre todo en el caso de Veracruz, con ayuntamientos que no llevan ni un trimestre en el poder y que ven con preocupación que deberán hacer mucho más trabajo de gestión ante los niveles estatal y federal de gobierno para que estos lleven la obra pública indispensable en sus congregaciones.

La terrible sequía de recursos en las haciendas municipales, provocada por el endeudamiento y el saqueo de gobiernos anteriores, los pasivos laborales millonarios por juicios perdidos y una nómina que ha ido engordando con cada alcalde, se puede recrudecer si el gobierno federal, como establece la ley de coordinación fiscal, les quita atribuciones para programar obra pública.

¿Crecerán los giros negros?

Aunque no es sino una simple broma, lo cierto es que puede darse el caso de que ayuntamientos ahorcados financieramente abran al mejor postor la posibilidad de abrir negocios considerados como giros negros (cantinas, bares, prostíbulos), porque generan buenos recursos y pueden paliar necesidades de pronta resolución. Realmente esperamos que no sea una predicción.

Como sea, una de las consecuencias que sufrirán todos los municipios del país con las ideas avanzadas de nuestro secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray, la ha puesto en el tapete el diputado federal panista Humberto Alonso Morelli pues, según su interpretación, la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) tendrá facultad para definir qué obras pueden financiar los ayuntamientos con recursos del Ramo 33 Fondo de Infraestructura Social Municipal (FISM).

Gracias a ello, señaló el legislador veracruzano, desde el gobierno federal establecerá los criterios de cómo aplicar esos recursos, y uno de los rubros que no podrán financiarse son obras como pavimentación de calles, alumbrado, drenaje, agua potable, sino solamente aquellas acciones que ayuden a disminuir la pobreza y el hambre, con proyectos que solo sirven para gastar dinero pero que generalmente no tienen impacto en la población, sobre todo si se utilizan para fines partidistas.

Apretados por endeudamiento y limitados en el uso y destino de los recursos del ramo 33, los alcaldes deberán escenificar una dura batalla con sus colegas para que la obra pública que tenían contemplada con las participaciones federales se pueda realizar con otros fondos, concursando para que sean considerados en los programas de obra de varias dependencias, y esperar a que los recursos del impuesto predial contribuyan a realizar obras de evidente urgencia.


 ¿Qué han hecho los alcaldes más audaces en este primer trimestre? Todos ellos han trabajado en tapar hoyos en las calles, han tratado de convencer a los sindicatos para que no presenten demandas exorbitantes, organizado a los que prestan servicios públicos de manera racional para que no se vean las miserias, tratando de armonizar sus proyectos de desarrollo con los programas estatales y federales que puedan otorgar recursos, han buscado convenios de colaboración con dependencias e instituciones de educación superior.

En fin, han hecho lo que un jefe de familia mal empleado y peor remunerado hace para llevar el alimento a su casa, con la salvedad de que en el caso municipal muchos hijos están quedando con hambre

Para colmo, el Gobierno del Estado está endeudado igual o peor que el conjunto de ayuntamientos, lo que impide que vean en la caja fuerte de la Secretaría de Finanzas y Planeación recursos que pueden fluir en su auxilio.

Como diría un político de la vieja guardia: los ayuntamientos solo disponen de lo que sale por cobro en los baños públicos del mercado municipal.

Ramo 33: ¿simple dinero político?

Que la Sedesol federal determine el catálogo de lo que pueden hacer los ayuntamientos con los recursos del FISM Ramo 33 puede ayudar a que Rosario Robles Berlanga, titular de esa dependencia, cumpla con las estadísticas embargadas en su programa Sin Hambre, pero eso no quiere decir que el hambre y la pobreza vayan a desaparecer.

Por desgracia, con el modelo del programa salinista Solidaridad, las acciones emprendidas por la Sedesol difícilmente abatirán los índices de pobreza en el país. Es posible que ayuden a colocar en la mente de los beneficiarios al partido que les lleva la ayuda, pero difícilmente se logrará que superen su situación de enorme marginación si, colateralmente, los tres niveles de gobierno no realizan obras de comunicación terrestre (carreteras, caminos, puentes, vados, etc.) que les ayude a llegar a los centros urbanos donde comercializan sus productos y donde pueden recibir atención médica; si no se logra dotar a las comunidades donde viven en situación precaria con sistemas de drenaje y agua potable, si no se mejoran las condiciones de los planteles educativos.


De ahí la molestia de muchos alcaldes veracruzanos y del país porque el único fondo federal de que disponían para obra pública se encuentra condicionado y bajo duros candados.

martes, 19 de octubre de 2010

Cultura, el patito feo del gobierno federal

De no hacer nada los legisladores federales, en 2011 el subsector de cultura podría pagar los platos rotos por los desmesurados gastos realizados para conmemorar el bicentenario del inicio de la guerra de Independencia y el centenario de la Revolución Mexicana.

Ya lo había dicho en Xalapa el escritor Paco Ignacio Taibo II, en ocasión de la presentación de su libro El retorno de los tigres de la Malasia, en la Feria del Libro Universitario: el próximo año, el gobierno de Felipe Calderón hará que la cultura pague su desmesura.


En la propuesta presentada en septiembre por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) se contempla en 2011 para este segmento un presupuesto de 8 mil 920 millones 636 mil 187 pesos, muy lejos de lo aprobado para 2010, que fue de 11 mil 459 millones 498 mil 804 pesos.

La diferencia entre lo gastado este año y lo que pretende Calderón para el próximo es, ¿qué creen?, de poco más de 2 mil 500 millones de pesos, justo lo que se calcula que se ha gastado en la disneylandizada celebración de los centenarios.

Pero hay más. Para la comisión de Cultura de la Cámara de Diputados, la propuesta calderonista, en términos reales, se ubica 5 mil millones de pesos por debajo del mínimo requerido para cumplir los proyectos del próximo año, cuyo costo rondaría los 14 mil millones de pesos.


La propuesta de nuestro ilustre Presidente es menor incluso al monto ejercido en 2008, cuando el presupuesto total para la cultura fue de 9 mil 423 millones de pesos, y de entonces a la fecha los precios han subido de manera importante.

La tarea para los integrantes de la comisión legislativa y sus demás compañeros diputados de todas las fracciones parlamentarias radicará en entramparse en un análisis profundo para obtener recursos del orden de los 5 mil 100 millones de pesos que permitan enderezar el entuerto que nos colocaría en un escenario de inimaginables penurias, sobre todo si se acepta que incluso la meta es de suyo insuficiente.

Y eso que México es una potencia cultural.

Si consideramos que la cultura es una fuente importante de divisas por la vía del turismo internacional, y dejamos un poco a la deriva la necesidad de los mexicanos de usar y disfrutar nuestros bienes tangibles e intangibles, la desconcertante merma que pretende el gobierno nacional en poco ayudará a incrementar el aporte del turismo a la economía.

Las dependencias que, al menos en el papel, se verán más afectadas son el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CNCA) y el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), cuyos presupuestos resentirían la mayor parte del recorte; pero también lo sufrirían el Instituto Nacional de Antropología e Historia (con casi 300 millones menos) y el Instituto Mexicano de Cinematografía (al que le quitarían unos 50 millones), entre otras dependencias.

Los únicos que se salvarían serían el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), al que se incrementaría su presupuesto en un 30.5 por ciento; el Fideicomiso de la Cineteca Nacional, que vería mejorados sus recursos en un 17.9 por ciento, y los Estudios Churubusco Azteca (2.7%), además del Centro Cultural Tijuana.

Pese a su falso optimismo, la presidenta del CNCA Consuelo Sáizar, como la hormiguita, ha empezado a establecer estrategias que le permitan atenuar el golpe que le representaría, como están las cosas, una merma el próximo año de más de mil millones de pesos.

No más obras de infraestructura y equipamiento para bibliotecas, museos y centros culturales en los estados del país, no más adquisición de acervos bibliográficos; más bien, enfocarse en los proyectos en línea como bibliotecas virtuales, paseos arqueológicos o exposiciones en Internet.

Teresa Vicencio, directora del INBA, deberá cancelar proyectos orientados a fortalecer la infraestructura cultural y de educación artística. Si bien este año logró el remozamiento del Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México, cuyo costo fue de unos 400 millones de pesos, para 2011 tendría que desaparecer de sus planes la rehabilitación del Conservatorio Nacional de Música y el Centro Cultural del Bosque.



En este contexto, es realmente deplorable que el gobierno federal siga incrementando el número de plazas para la alta burocracia. Según un estudio del Senado de la República, en 2011 el número de plazas de la alta burocracia no sólo se mantiene sino que se incrementa en algunas secretarías como las de Gobernación (Segob), que pasa de 128 a 144, y de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), de 101 a 124.

¡Cosas veredes, mi Señor!, diría Sancho Panza.