viernes, 31 de enero de 2014

Jóvenes e inexpertos nos gobiernan

Érick Lagos Hernández
Mucho daño le está haciendo a los veracruzanos la permanencia en la estructura gubernamental de funcionarios inexpertos e inoperantes, cuya única distinción es no rebasar los 40 años.

Con ellos, el grupo dominante en el PRI ha buscado renovar a la clase política de Veracruz, obligar a pasar la estafeta generacional y lograr un proyecto transexenal iniciado en el gobierno de Fidel Herrera Beltrán. Sin embargo, los elegidos siguen sin cuajar en habilidad política, capacidad de negociación y experiencia administrativa.

Preocupados por el ruido electoral y sus ambiciones de permanencia en el poder, muchos de los jóvenes políticos habilitados prematuramente en cargos de alto voltaje, han descuidado la función pública y, lo peor, han mostrado su escasa preparación académica, su nulo bagaje en materia administrativa y política, y un insaciable deseo de reconocimiento para mayores empresas que no se sustenta en su desempeño real.

Hay que reconocer de entrada que la juventud no está reñida con las oportunidades. También, que era necesaria una renovación de los cuadros para desplazar a quienes ya eran fichas reiteradas en el ajedrez político de Veracruz, dadas sus consabidas mañas, compromisos y cansancio para la innovación.

Sin embargo, se nos han entregado piezas sin terminar, jóvenes que no fatigaron las aulas universitarias más allá de una licenciatura (no sabemos si con buenas calificaciones), audaces en el terreno político pero sin antecedentes en el manejo de la administración pública. Con los años, deberían haber aprendido su trabajo, pero se han perdido en las grillas palaciegas.

Y eso le está haciendo mucho daño en un estado que, potencialmente rico y diverso, ha debido soportar la improvisación, el desdén, el olvido y la manipulación.

¿Cómo lograr el cambio generacional sin afectar?

El exgobernador Rafael Hernández Ochoa supo apreciar la enjundia y fortaleza de los jóvenes políticos y apoyó a mucho para que tuvieran oportunidades políticas y académicas. A nivel nacional, quien lo hizo fue el expresidente Luis Echeverría Álvarez, quien impulsó las carreras políticas y académicas de dos políticos en activo, Fidel Herrera Beltrán y Beatriz Paredes Rangel, que lo embelesaron con su buena oratoria.

Pero lo cierto es que la mejor manera que hallaron para sus benjamines fue otorgarles puestos medianos para que se foguearan y se incorporaran a los grupos políticos existentes o crearan los propios y, sobre todo, les otorgaron becas para que siguieran estudiando posgrados en universidades importantes del país y el extranjero para que, a su retorno, fueran más útiles a sus comunidades.

Desgraciadamente, muchos de los jóvenes incorporados al actual gobierno estatal han tenido meteóricas carreras y, sin foguearse ni aprender a gobernar paulatinamente, de pronto se hallaron con que ya eran secretarios de despacho, como Erick Porres Blesa, de 37 años, secretario de Desarrollo Económico y Portuario; Adolfo Mota Hernández, de 38 años, secretario de Educación; Erick Lagos Hernández, de 39 años, secretario de Gobernación, y Harry Grappa Guzmán, de 41, secretario de Turismo y Cultura.

Otros, más maduros, tampoco tuvieron formación ni acumularon experiencia en la materia que hoy tienen a su cargo, y así nos va a los veracruzanos.

Urgen cambios en el gabinete

Érick Porres Blesa
En la segunda etapa de su gestión, el gobernador Javier Duarte de Ochoa debería analizar la posibilidad de fortalecer los cuadros que tiene en las diferentes dependencias, para lograr un salto cualitativo que le permita ostentar en el ámbito nacional logros en áreas sensibles, además de las que ha logrado en la atracción de inversión extranjera, recuperación de la seguridad pública y lucha contra la pobreza.

El caso más difícil es el de Arturo Bermúdez Zurita, de 47 años, secretario de Seguridad Pública, quien ha creado un verdadero ejército poderoso de policías estatales a los que, en varias ocasiones, no ha logrado contener y han generado despachos informativos y artículos de opinión en medios nacionales e internacionales que ponen en entredicho no solo al gobierno estatal sino a los veracruzanos.

En su currículum, Bermúdez Zurita no ostenta estudios relacionados con seguridad pública más allá de cursos como instructor de manejo evasivo y de tiro, en Estados Unidos, y un taller de negociación de secuestros y manejo de crisis. En experiencia dentro del área, apenas  dos años como coordinador del Centro Estatal de Control, Comando, Comunicaciones y Cómputo (C4) y menos de un año como subsecretario de Seguridad Pública de Veracruz.

Es cierto que Erick Porres Blesa, expanista y afiliado a escuelas confesionales, le ha servido en una dependencia que no ha tenido mucha importancia pese a lo necesario en términos del desarrollo de la entidad. Los conflictos con los grupos empresariales de la entidad por la falta de promoción se han dado principalmente en el sector turístico, que corresponde lidiar a Harry Grappa Guzmán, un funcionario improvisado cuya única experiencia en el sector turístico, luego de ser secretario particular del Gobernador, fue la de subsecretario de Promoción y Servicios Turísticos de la Secturc durante poco más de un año.

En el caso de la SEV la cosa es dramática. Ya comentamos la ineficiencia del secretario Adolfo Mota, quien tendría un verdadero premio si sale con honores rumbo a la contienda por la diputación federal de Coatepec en 2015.
Harry Grappa


A su inoperancia en una de las secretarías que históricamente han otorgado blasones a Veracruz, se suma su fallida intentona de derrocar al actual diputado y líder cameral Juan Nicolás Callejas y Arroyo, líder ‘moral’ del magisterio federal, y a su hijo Juan Nicolás Callejas Roldán, secretario general de la sección 32 del SNTE, utilizando a cierto sector incrustado en el movimiento magisterial contra la reforma educativa. Todos dicen que estuvo a punto de lograrlo, pero no obtuvo el triunfo, por lo que está en el ojo del viejo lobo convertido en pastor de la bancada priista en el Congreso local.

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